
26-Feb-2026
Por: Juan José Ricardo Arroyo Solís
Después de más de cuarenta años ejerciendo el periodismo, he aprendido que la violencia no solo se hereda: también se aprende. Y hoy, una de sus aulas más frecuentes son los narcocorridos.
Estas canciones ya no narran una realidad; la glorifican. Presentan al criminal como modelo de éxito y a la violencia como un atajo legítimo hacia el poder, el dinero y el respeto. Para muchos jóvenes, especialmente aquellos sin oportunidades claras, ese mensaje se vuelve aspiracional.
No es censura señalarlo. Es responsabilidad reconocer que la cultura influye. Cuando se repite una y otra vez que portar un arma es símbolo de estatus y que morir joven es parte del “oficio”, se normaliza el horror y se diluye el valor de la vida.
He visto demasiadas consecuencias para creer que “solo es música”. Los narcocorridos no crean la violencia, pero sí la celebran. Y una sociedad que canta su violencia termina por acostumbrarse a ella.
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